viernes, 21 de mayo de 2021

Menos mundo




La vida corría rauda, imparable. El sol anunciaba novedades todas las mañanas, como el diario matutino o las notificaciones del celular.  

Era el mundo que saludaba, el universo que despertaba del largo sueño de la noche y palpitaba tan fuerte que nos despertaba de una vez. 

Éramos todos en la luz de la mañana, bañados con las aguas de una lluvia leve, serena. Era el silencio de las cavernas solitarias, el hueco donde se aloja la calma. 

Éramos nosotros, silbando mientras el mundo giraba, rodaba y nos mecía como pequeñas zarigüeyas. Y éramos nosotros, pequeños seres absortos en nuestro día, en nuestras horas recortadas, marcadas con el implacable fin que pone orden y permite a la luna tomar su lugar en el mundo; nuestro mundo, que es todo: risa, sofoco y alivio.

Y era también la tristeza, el desasosiego y la desesperanza, la oscuridad de una noche que no termina, la tormenta y el trueno. Era nuestro mundo y las nubes que se rompen y se reconfiguran. Era el cielo que nos cubre y protege de la muerte universal, de las galaxias y del polvo estelar.

                                                                                        ... 


Entonces llegó la pausa, y nos sentamos a observarla en silencio. Nos miramos entre nosotros y nos preguntamos ¿por qué? ¿qué hemos hecho? ¿qué debemos, y a quién? Pero el mundo guardó silencio. Se escuchó la voz de uno, y de otro, reclamos y súplicas: ¡yo no hice nada! ¡fue él! ¡fuiste tú! 

No nos quedó más que acurrucarnos como zarigüeyas, encogidas, hechas nudo, aguantando la respiración, porque todo el mundo sabe que una buena zarigüeya es capaz de vencer hasta al más terrible depredador quedándose quieta... esperamos con la respiración contenida, fingiendo estar muertos.

Una muerte en pausa, atenta a las idas y venidas de una marea que sube y baja, que promete y traiciona. 

Somos la luna menguante, el sol poniente, la luz de una vela que alumbra la negra noche. Estamos aquí... seguimos aquí. Esperamos la vuelta de la tierra, el nuevo año, el anuncio del fin de la tormenta. 

Escuchamos el canto de las  musarañas, lejano y certero: somos selva, somos bosque, somos mar. Estamos vivos. 



20-21 tiempo de la  pandemia 

1 comentario:

  1. Me pasee por mi blog. Anduve visitando los blogs con quien interactuaba, el tuyo es el más actualizado.

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